5º día del desierto a la costa
El día comenzó con un desayuno marroquí en el Dar Petite Kasbah: café au lait, tortitas marroquís, zumo de naranja, huevo, pan, mantequilla, mermeladas y miel. Una vez cogidas fuerzas, bajamos hasta Mhamid, última villa anterior al acceso al desierto. La distancia es de 95 Km, que se tarda 1,5 horas. Antes de llegar paramos en Timtig, pues allí nos dijeron que había un pequeño acceso a las dunas. En efecto, había una duna.
En Mhamid hay hoteles. Para adentrarse en él hace falta ir en 4x4, puesto que está a 50 km de esta población. Todo está preparado para el turismo, de manera que se puede dormir en el desierto y dar un paseo en camello o dormir en Mhamid y adentrarte en todo terreno. Nosotros nos adentramos con nuestro Hyundai un poco hasta que la arena nos impidió seguir, pero con la visita nos hicimos una idea de la infraestructura y de las posibilidades.
Salimos de Mhamid dirección Ifní o Sidi Ifni ya entrada bien la mañana, quizá las 11:00 u 11:15. El recorrido hasta el destino era muy largo. Un total de 690km y una duración de 11 horas. El viaje, en su conjunto, fue durísimo: carretera infernal, mal asfaltada y estrecha, un paisaje durísimo puesto que no había ningún pueblecito, ni agua, ni vegetación; únicamente algunas jaimas que se veían en la lejanía. El calor era grande. Íbamos con el aire acondicionado puesto al máximo y todavía con calor. Pensamos que tendríamos gasolina para unos cuantos kilómetros y luego ya echaríamos. Lo cierto fue que cuando quisimos repostar no había donde. Anduvimos muchos kilómetros reduciendo la velocidad hasta que a 40 km de una población la luz del depósito se puso a parpadear y paramos en cuanto vimos unos hombres con sus motos, que se acercaban a sus tierras. Nos llenaron una botella de 1,5 litros vaciando una de las motos, le pagamos con recompensa y pudimos llegar, no sin apuros hasta la gasolinera del pueblo, donde por fin llenamos el depósito.
Todavía nos quedaban muchos kilómetros y el sol se iba yendo. Cuando anocheció, paramos a cenar en un pueblo, cerca de una salida de autobuses y gasolinera, donde nos pusieron unas brochetas de pollo. Con eso seguimos nuestro recorrido, ya sí, de noche.
Como en Marruecos para continuamente la policía con controles y por excesos de velocidad, nosotros intentábamos ponernos detrás de algún coche que anduviera ligero y que se conociera el terreno, de manera que íbamos más seguros. Así, detrás de un coche durante mucho tiempo, llegamos a Sidi Ifni a las 12 de la noche. Ya habíamos reservado el día anterior y avisado de que no llegaríamos antes de las 24 horas. El hotel era maison D´hotes Tiwaline, en el centro de la ciudad. Nos estaba esperando con ganas ya de irse a dormir. Nos dio la llave, nos explicó lo mínimo y se fue. El hotel estaba bien, nuestra habitación con su baño también y en seguida nos metimos a la cama.
Al día siguiente, en una amplísima recepción - hall, nos sirvieron el desayuno muy similar al de siempre. Dejamos las maletas allí para ir a conocer el pueblo, en el que pasamos toda la mañana.
6º día Sidi Ifni y Taroudant
El día comenzó con un buen desayuno en el hall - recepción. Tras ello y dejar las maletas en recepción, nos fuimos a visitar la ciudad, con las recomendaciones de restaurantes para poder comer: Restaurante NOMAD y restaurante GRAN CANARIA.
Sidi Ifni está en un alto. Toda la parte comercial está arriba, por lo que ir a la playa supone bajar un gran desnivel por escaleras. Fue una colonia española, y se veía en uno de sus barrios, por el tipo de construcción completamente distinta a la tradicional marroquí. La playa es bonita, fina paseable. Tiene forma de bahía y de tamaño aceptable para pasear.
Tras estar toda la mañana tranquilamente paseando y haber tomado un té en una de las terrazas del paseo marítimo en lo alto, decidimos comer en uno de los restaurantes recomendados. Elegimos el Gran Canaria para comer pescado. Fue una buenísima elección. En la primera planta, con la cocina al fondo, elegimos una sepia y otro pescado a la plancha. La presentación nos sorprendió por lo original y por la elaboración, como se puede ver en las fotos. Comimos estupendamente y de esta manera finalizamos nuestra visita, yendo a recoger nuestro equipaje y el coche.
Muy cerca, a 10 km, está la playa de Legzira, conocida por el puente natural creado en la playa. Es impresionante porque es de grandes dimensiones, es muy ancho y cruza la playa entera. Muy original. Además la playa es grande, larga, ancha; con arena fina alternando con trozos de piedra lisa, pero gorda; en definitiva, bonita. En este caso, también las fotos hablan de la belleza de este lugar.
Una vez dado un largo paseo por la playa, partimos hacia Taroudant, con una distancia de 217 km. Google nos dice que serán 3h y 18 minutos, pero en esta ocasión la carretera es buena desde que se coge la nacional hasta pasado Agadir, ya que es autopista. Las autopistas no son concebidas de la misma manera que en España. Sí tienen dos carriles por sentido, pero continuamente hay cambios de sentido, entradas y salidas de caminos, atraviesan poblaciones con semáforos y miles de glorietas, controles policiales en las entradas y salidas de los distintos pueblos y ciudades, etc..., pero aún así, la media de velocidad es más alta que en el resto de las carreteras. Por esta razón, llegamos a Taroudant antes de anochecer, justo cuando se iba a poner el sol. El hotel ya le llevábamos reservado a través de booking y esta vez elegimos el Hotel Dar Fatima. Estaba bien situado y nos sorprendió el hall de recepción, con una gran amplitud, un vano de escalera para los dos o tres pisos que tenía, con luz, música ambiental, sillones cómodos y muy bien ambientado. Nuestra habitación, en la segunda planta estaba bien, sencilla, pero completa.
Taroudant es una población completamente amurallada, con 5 entradas antiguas y otras 3 modernas. Toda la parte amurallada es un hervidero de gente, con comercios y animación. Desde el inicio, a mí me recordó Marrakech, y es que al parecer, le denominan la pequeña Marrakech. Tiene una plaza con cafés y restaurantes alrededor y en el medio árboles con bancos de piedra debajo para sentarse y cubrirse del sol. Es el punto de encuentro de sus habitantes y también de los turistas. Allí, un muchacho nos acompañó durante un buen rato, charlando en un inglés primario, pero suficiente para entenderse. Le invitamos a un té en una terraza y allí nos contó cosas de su ciudad y su país, lamentándose de la situación de paro que tiene la población. Él no tenía trabajo, ni dinero para estudiar, ni perspectiva a corto o medio plazo. Nos acompañó a un pizzería que él conocía para poder cenar, puesto que estábamos hartos de tajim y brochetas. Necesitábamos cambio y lo conseguimos. Las pizzas en la terraza estaban buenas.
Así acabamos esta jornada, dando un paseo nocturno hasta nuestro hotel.









