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sábado, 25 de febrero de 2023

MARRUECOS en compañía.

 Volvemos a nuestra segunda patria, dicen algunos de nuestros conocidos. Y es que hemos ido ya muchas veces, con distintos recorridos, conociendo distintas zonas, pero en muchas ocasiones y en distintas temporadas. Esta vez hemos realizado un trayecto muy conocido para nosotros en el que hemos incluido algunos paseos o rutas diferentes. Esto y el ir acompañados de un hermano de Luis, Ricardo, ha hecho el viaje diferente.

Partimos un sábado por la tarde hacia Marraketch, así que una vez recogido el coche e instalados en

el hotel nos dio tiempo a un paseo y a nuestra primera comida marroquí. El coche elegido fue  más grande que otras veces para que el que fuera atrás pudiera disfrutar del panorama. Sabemos que son muchas horas de coche y lo sorprendentes que son los paisajes. Reservamos un Dacia Duster que se comportó fenomenal durante todo el trayecto, con un consumo, además, muy reducido. La cena nos ofreció un Tajin, una pastella y un coucous. ¡Lo más típico desde el principio!

El recorrido comenzó el domingo tras el desayuno, rumbo Skoura donde dormiríamos. El desvío que hay que coger desde la N9, a la izquierda, está ahora mucho más amplio y señalizado, pues antes pasaba desapercibido. Tras coger ya la P1 506 fuimos a visitar la Kasbah de Telouet, a nuestro ritmo, sin guías, pagando los 20 Dh por persona que se requerían. Comimos por el camino y llegamos al Ksar Ait Ben Hadu, que es un antiguo pueblo amurallado, una fortificación medieval de gran interés por su ubicación, estado y paisaje. Es bonito cruzar el rio por las piedras, recorrer sus callejuelas e ir subiendo hasta la cima. Pero igual de bonito es verla desde lejos, avanzando por esa misma carretera, desde  un pequeño mirador. A pesar de haberlo visto muchas veces, nos sigue ofreciendo un contraste precioso respecto a nuestros paisajes habituales de Castilla. Nos cogió la puesta de sol en lo alto, así que ya la vista desde la lejanía no fue posible; era de noche y ya con oscuridad nos costó encontrar el hotel. Finalmente llegamos y nos sirvieron la cena en una marquesina de sus jardines. Esta vez fue una sopa harira, dos tajines y un couscus y naranja cortada con canela. Un menú tradicional del país. 

Kasbah de Telouet
Interior Kasbah Telouet

Paisaje de carretera

ksar Ait Ben Hadu













Nos levantamos pronto, con la luz, con lo que disfrutamos del desayuno en el mismo paraje en el que desayunamos, dimos un paseo por los jardines y piscina y visitamos el mercado que se celebraba en la ciudad, en Skoura. Era un mercado al aire libre, con mucho ajetreo y organizado según los productos. Había zona de ropa, de utensilios, de alimentación y de ganado, que fue la que nos resultó más curiosa. De allí salimos rumbo a los tres valles que queríamos visitar: valle de las Rosas y del Dades hoy y el del Todra al día siguiente. 

Hotel: Dar el Salam.Skoura

Mercado de Skoura






Valle de las Rosas desde la Kasbah Itram
 La parada en el Valle de las Rosas fue muy breve;   llegamos a las Kasbah Itram (que conocemos bien).   Está situada en un sitio increíble, pues tiene varias   terrazas en vertical, orientadas al oasis y con vistas a   una antigua kasbah. Las vistas son preciosas.

 Hacía mucho tiempo que no parábanos en el Valle del   Dades; no recordábamos esas estructuras geológicas   tan llamativas, con inmensas rocas diferentemente   orientadas. Paramos a hacer unas fotos y continuamos   con el coche unos cuantos kilómetros hacia dentro, por una carretera que iba ascendiendo, serpenteando hasta llegar a los más alto donde un restaurante disponía sus  terrazas hacia el cañón. Disfrutamos de las vistas y bajamos nuevamente en busca de un lugar donde comer. Como siempre, un tajin, acompañado de ensalada para los más osados, como era Ricardo. Luis y yo le mirábamos con envidia, pues resultaba apetecible, pero preferíamos cuidar nuestra barriga, pues que quedaban todavía unos cuantos días. 

Luis había previsto hacer una pequeña ruta que tardamos en encontrar, pero que resultó ser una delicia. Primero atravesamos el oasis, después caminamos por un desfiladero, hoy seco, entre dos cadenas de esas estructuras de piedra para volver al lugar de inicio deambulando entre los cultivos del oasis. Fue una gozada de camino y un placer descubrir nuevas cosas.  Ricardo y Luis subieron a lo alto de una de las formaciones que simulaba un dedo. Y es que este paraje es conocido como Los Dedos del Mono. Yo les fotografié desde abajo y me entretuve en el rio, charlando con un hombre de la zona; bueno, intentando comunicarnos, más bien. Disfrutamos los tres muchísimo de este valle.

Valle del Dades

Valle del Dades

Valle del Dades / Dedos del Mono

Ruta por el Dades






El alojamiento lo teníamos en el Palmeral Guest House, en las cercanías del Valle del Todra. Tenía la zona reservada de parking en la parte alta y bajando unas cuantas escaleras llegamos al hotel. Las habitaciones, como es tradicional en Marruecos, están alrededor de un patio o jardín. En la terraza superior nos sirvieron la cena (tajin, claro) y por la mañana el desayuno con vistas al palmeral.

El Palmeral de Tinerhir es largo, extendiéndose a lo largo del río que lleva su nombre. Por la mañana, nada mejor para desperezarse que un buen paseo. El dueño del hotel  nos sugirió un recorrido que hicimos encantados. Por el palmeral, entre cultivos y canales de agua llegamos a la ciudad antigua, ya abandonada, entrometiéndonos entre sus muros, adivinando los habitáculos de cada casa. Volvimos recorriendo otros senderos del oasis, saludando a las mujeres que estaban trabajando en las huertas para llegar de nuevo al hotel, donde recogimos el equipaje para continuar nuestro viaje.

Ciudad antigua del palmeral de Tinerhir

Palmeral de Tinerhir






Nos dirigimos hacia el Valle del Todra, donde terminaríamos el día. En éste sí habíamos estado las últimas veces y lo recordábamos bien.  A Ricardo le gustaron esos cortados. El valle es turístico y nos encontramos con muchas furgonetas que hacen aquí su parada, inundando el rio de excursionistas fotografiando el lugar. Hay gente de todos los lugares del mundo. A lo largo del viaje, nosotros charlamos con una pareja: él argentino y ella de Nueva Zelanda, residentes en Nueva York; con muchos españoles; con grupos de americanos; otra pareja con la que coincidimos en dos ocasiones, de Sir Lanka, residentes en Dinamarca; chinos, italianos y, por supuesto, muchísimos franceses que se encuentran en su segunda casa.  

Tras un breve paseo por el Todra, continuamos el itinerario previsto hacia el desierto. Este es un trayecto largo. Son 200 km, pero se tarda muchísimo. Al haber dos carreteras para llegar, decidimos ir por una y volver por la otra. En el camino paramos a visitar unos pozos. Parece mentira que en medio de un paraje pedregoso, sin vida, haya habido tal cantidad de agua. La zona tiene escavados pozos que se comunican por túneles realizados manualmente. Luis se "enrolló" con un hombre que estaba al cargo de uno y fue él quién nos enseñó SU pozo. Nos contó que ese pozo tenía 40 metros hacia un lado y 100 hacia el otro. Descendimos al interior y fuimos recorriendo uno de los laterales, viendo las distintas marcas  que el agua había ido dejando en las paredes a lo largo de los años. Este hombre decía que él había estado allí trabajando. Ahora se dedicaba a mostrarlo y a sacar dinero de ello. Nos pidió un montón de dirhams, que tras la negociación quedaron en 100, es decir 10€; ¡una pasada total, pero en estos tratos unas veces se gana y otras se pierde! Con razón, y por su interés claro,  iba encendiendo todas las velitas que tenía colocadas a lo largo del canal para que hiciéramos la foto. Merece la pena una visita. Lo increíble es que nosotros vimos uno de los pozos, pero el terreno estaba plagado de ellos. Hoy, ninguno tiene agua. 

Dentro del pozo

Luis y el "pocero"






Albergue Petit Prince, Merzouga
 Llegamos al desierto, a Merzouga,  ya   anocheciendo. De hecho, debían ser   alrededor de las 19:30 porque es la hora   en la que ellos, en pleno Ramadán, tras la llamada de la mezquita,  pueden ya cenar y lanzarse a su mesa. Fuimos al Riad Petit Prince, al que hemos ido ya en las otras ocasiones. Así que al llegar, dejamos el equipaje en nuestras habitaciones, nos fuimos a dar un paseo por el desierto mientras el dueño, su familia y los trabajadores del hotel disfrutaban de sus viandas. 

El paseo nocturno fue estupendo por las ganas, por el silencio y
por el cielo estrellado del que disfrutamos sentados en la arena. Al volver, nos sirvieron la cena en el patio, donde degustamos nuevamente tallín y fruta. Nos fuimos pronto a dormir pues queríamos madrugar y ver salir el sol en el desierto. Así que a las 6:15 estábamos dispuestos a salir en busca del depósito de agua donde hay un parking desde el que iniciar la subida a la Gran Duna. No es la primera vez que lo hacemos, sí la de Ricardo. Yo iba con dudas de si completaría la subida o no, pues ya sé lo duro que es el ascenso. Cada paso que se da, se retrocede medio hundiéndose en la arena. Subimos por el perfil de la duna y tardamos 50 minutos en llegar a la cima. Bueno, Luis algo menos; nos esperaba arriba animándonos desde lo alto. La verdad es que se llega sin aliento, pero pronto se pasa y la recompensa del espectáculo es inmesa. Contemplar el desierto con las sombras que produce el sol en las dunas, caminando sobre ellas y sorprendiéndonos del comportamiento de la arena; unas veces el perfil de las dunas es lineal, perfecto y otras es muy redondeado; unas veces te hundes al pisar y  otras la arena está dura y pisas sin problema. Vimos las caravanas de camellos que surgían por todos los lados, transportando a los turistas desde los campamentos a la ciudad; también se divisaban los quads que alquilan algunos otros para conducir un rato sobre la arena del desierto. Pero no creo que ninguno de ellos tuviera la vista y panorámica de 360º que nosotros teníamos desde arriba. Allí permanecimos alrededor de 1´5h, caminando, haciéndonos fotos, contemplando los cambios que producía el ascenso del sol sobre las dunas de arena. La bajada fue divertida, pues con dar una pisada y dejarse caer, se desciende un buen tramo en cada pisada. Nos encantó ver cómo la arena a nuestro paso también se desplazaba lentamente, como el agua o la lava. En el video que pongo se ve perfectamente. En fin, como siempre que hemos ido, el desierto de Merzouga es el plato fuerte del viaje. 










Ksar Elkhorbat
En el hotel nos esperaba un buen desayuno en el patio, a la sombra para reponer fuerzas. Esto y una buena ducha nos recuperaron para poder emprender el trayecto de vuelta. El objetivo era pasar la noche en Ouazarzate. Son  más de 360 Km, lo que hace un viaje muy largo. Ricardo  ya había cogido experiencia en la conducción por Marruecos, llevaba sobre sus espaldas un montón de kilómetros, pero no le debían pesar mucho porque fue él quien cogió nuevamente el coche. ¡Qué suerte tengo de ir acompañada de a quienes les gusta conducir! Más de 6 horas nos esperaban de trayecto, haciendo algunas paradas cortas. Una de estos descansos fue para visitar el ksar Elkhorbat, pasear por sus calles estrechas y oscuras y ver cómo vive la gente del lugar. Ricardo disfrutó muchísimo de este ksar, le impresionó el modo de vida y el frescor que allí se respiraba, en un entorno caluroso y polvoriento. 

El Ramadán hizo que muchos restaurantes de carretera y de los pueblos estuvieran cerrados, así que comimos en uno que estaba repleto de turistas a los que supongo, les había pasado lo mismo. También hubo otro descanso corto para comprar aceite de argán en una de las coperativas de mujeres que se dedican a esto. Llegamos a Ouazarzate al atardecer a uno de los hoteles elegidos por su puntuación y que estaba en pleno centro. Allí nos dieron dos habitaciones, dejamos nuestras maletas y salimos a mover las piernas, dar un paseo y buscar sitio para cenar. Esta vez elegimos unas pizzas en una pizzería local. La temperatura había cambiado; ya no era el calor del desierto y del sur. Por la noche aquí refrescaba; estábamos cerca del Atlas. Mañana tendríamos que volver a atravesarle. 

Queríamos mostrarle a Ricardo la Kasbah y el Ksar de Ouazarzate. Merecía la pena una visita, así que dedicamos gran parte de la mañana a ello. Ahora la visita era de pago. Siempre alrededor hay hombres dispuestos a hacértela guiada, pero nosotros la quisimos hacer libres, a nuestro ritmo. La recorrimos tranquilamente, pasando de una kasbah a otra, entrando en ellas y subiendo a sus azoteas. Esta vez la encontramos muy rehabilitada y la visita es muy cómoda. 

Habíamos oído hablar del Oasis del Fint, aparecía en muchos de los tours turísticos que se ofrecen por allí, así que decidimos ir a verlo. Dejamos el primer camino de entrada para el final y fuimos hacia el segundo, llegando a un pequeño oasis con plantación que llevaba una kasbah nueva que parecía que pudiera ser un hotel en el futuro. Paseamos por la zona, caminamos entre canales de agua y llegamos a un pequeño embolsamiento de agua y a una pequeña cascada por la que no discurría nada de agua, pero permitía acercarse y divisar desde lo alto el paraje verde. De vuelta al coche, fuimos a por la primera desviación y allí sí que nos esperaban posibles guías y hombres dispuestos a llevarnos al restaurante. Encontramos donde aparcar el coche a la sombra y ahí cerca se encontraba un albergue con una pequeña piscina y terrazas donde pudimos disfrutar de la comida, en este caso brochetas de pollo para todos y un tajin de verduras a compartir. La zona también se usa para hacer recorridos en moto; de hecho llegaron al albergue cuatro motoristas americanos, llenos de barro, con sus trajes protectores.

Ksar de Ouazarzate

Cercanias oasis del Fint




 


Ya desde allí, teníamos que llegar a Marraketch antes de las 20:00, pues era la hora de entrega del coche, yendo antes al Riad a dejar el equipaje. Cogimos la N9 todo el tiempo y comprobamos una vez más, que sigue en obras de mejora continua. Van quitando curvas, mejorando la carretera, pero hace que el viaje sea interminable, pues cruzar el Atlas lleva su tiempo. El Riad nos recibió con una modificación; según decían, habían tenido un problema de agua en uno de los dormitorios. Nos ofrecían una de las habitaciones en otro Riad cercano para la primera noche. A pesar de nuestro enfado, lo tuvimos que admitir. Nos restrasó un rato entre que decidíamos y hacíamos los cambios, pero era ya de noche y ponerse a buscar era un inconveniente, así que Luis y yo nos fuimos al otro alojamiento la primera noche y la segunda ya en el que habiámos reservado. 

Marraketch por la noche era un hervidero de gente. La zona alrededor de la plaza Jemaa el-Fna y de la Kutubía estaba repleta de gente comprando, de tiendas y tenderetes abiertos, de vendedores gritando para vender sus mercancías y mucho gentío local realizando compras. Dos días después entenderíamos por qué. Esto era un jueves por la noche y el viernes era el último día de Ramadán. Ellos celebran muchísimo esta fiesta y las familias se reúnen a comer estrenando todos nuevos ropajes. El sábado iban por la calle impolutos, se veía la blancura en las chilavas, el brillo en las babuchas, la plancha en toda la vestimenta, las camisas almidonadas. Ellas con sus kaftanes nuevos, con colorido y bordados. Todo olía a nuevo. Las niñas iban con vestidos de satén y tul rojo.  Se percibía alegría por el fin del Ramadán ya desde el jueves por la noche que nosotros llegamos. 

El viernes y el sábado lo dedicamos a vivir Marraketch, a pasear por su Medina, a asombrarnos ante el montaje de todos los kioskos de comida que se realiza desde las 16:00 a las 18:00. Desde la terraza del restaurante Argana donde comimos, por cierto, bastante bien, divisamos cómo los muchachos portaban sus carros llenos de hierros hasta llegar a su parcela y allí comenzaban el montaje de su "chiringuito". Primero la unión de las columnas, luego las lonas, después lo alzaban entre varios, tras ellos los mostradores de comida, las mesas y bancos y finalmente la mercancía. Es un espectáculo del que yo me maravillo cada vez que voy y que muestro a todos los acompañantes que hayan viajado con nosotros. Es increíble cómo en un área despejado, se llena de tenderetes y vida en cuestión de dos horas. Luis hizo varios timelab, del que luego dejo una muestra. 

Además de esto, por supuesto, visitamos le Medersa Ben Youssef y las Tumbas Saadíes. En ambas el ticket de entrada va subiendo poco a poco. Cuesta ahora 50 y 70 Dh respectivamente por persona (redondeando unos 5€ y 7€). En todo caso, ambas construcciones merecen la pena una visita, especialmente la Medersa, a pesar de la cantidad de turistas que lo visitan. 

Riad en Marraketch. Patio

Plaza de Jemaa El-Fna


 




Medersa Ben Youssef

Paseando por Marraketch






Tumbas Saadíes
Ha llegado la hora de comer para luego ir hacia el Riad y coger el taxi que nos llevaría hacia el aeropuerto  ya de vuelta a España.

No sé si habré transmitido nuestro sentir en ese país, pues el haberlo visitado varias veces hace que se pierda parte de la emoción. Quizá hubiera tenido que ser Ricardo quien lo narrara, y así le valía de entrenamiento de ese libro que tiene en mente escribir desde hace algún tiempo. 



Un abrazo a todos.


PD: par futuros viajeros, la gasolina está allí bastante cara, más que aquí. El gasoleo estaba a 10,22 Dirhams, que con el cambio sería 1,02€, cuando aquí no llega al euro.  

martes, 2 de mayo de 2017

MARRUECOS. El valle de las Rosas y Zagora. Mayo 2017

3º día. El Valle de las Rosas.
El día comenzó estupendamente, sol, buen tiempo, un paisaje precioso y con una reserva en la Kasbah Itram, en una habitación con mirador al valle, muy coqueta. Mejor, imposible!

El dueño del hotel nos hizo un esquema de una ruta circular por el oasis, pasando por tres pueblecitos. Seguimos por la carretera adentrándonos en el valle hasta llegar a Hdida, lugar donde confirmamos la ruta y encargamos un tajim para la vuelta. A pesar de que nos indicaban q era mejor que fuésemos con guía, que nos íbamos a perder, decidimos hacerlo solos.




La ruta se nos dio muy bien. Comenzamos bajando al río y cruzándolo por los troncos puestos al efecto. Caminamos por senderos por las sombras de frutales, rosales y palmeras, preguntando cuando nos encontrábamos con alguien y con la orientación de Luis. En seguida llegamos al primer pueblecito y salimos de él hacia la segunda villa, Tourbiste. En ésta, un chiquillo al que seguimos nos dirigió hacia lo más alto del pueblo, desde donde había unas buenas vistas. Salir de éste nos costó algo mas, pero una vez encontrado el tronco para cruzar nuevamente el río, continuamos hasta el tercero, sin ninguna atracción más que el propio paisaje y el contraste entre el rojizo de la tierra y las construcciones y el verdor del oasis. Ya desde este tercer pueblo volvimos al punto de inicio.






 
Al llegar, el tajin de pollo nos estaba esperando, además de unas naranjas. Después de comer, seguimos adentrándonos en el valle de las rosas, ahora de nuevo en coche. Llegamos a la siguiente población, Boutaghrar, la última antes de empezar con pistas. Es un pueblo que tuvo en su día un gran asentamiento judío. Un hombre, empeñado en que visitáramos su kasbah nos seguía discretamente, (no era de los pesados, insistentes). Finalmente fuimos, y es que lo había reconstruido y convertido en hotel; quería q diéramos publicidad a todos nuestros conocidos y nos dio varias tarjetas

Desde aquí hago esas tareas porque realmente la kasbah estaba bonita, cómoda y ajustada de precio: 20€ la noche por persona con cena y desayuno). Pongo la foto de su tarjeta.







Nosotros seguimos un rato mas por carretera y luego pista. Era una sucesión de montañas, ya pedregosas,  valles secos y paisaje monótono, así que, decidimos darnos la vuelta ya e ir al hotel a disfrutar de nuestra habitación,  pensando en hacer algo de estiramientos y preparación del día siguiente. Nuestra sorpresa fue que al llegar al hotel, sobre las 19:15 +/-, nuestra habitación la habían dado y nosotros no teníamos. Nos ofrecieron un salón grande, que reconvirtieron en habitación en media hora. No era lo mismo, ni de confort, ni de vistas ni de acogedora.



Lo único bueno fue que en la espera estuvimos charlando con una pareja de portugueses, con los que habíamos coincidido durante el día, y cenamos juntos. Fue una conversación entretenida, en la que intercambiamos información. Como curiosidad, tengo q contar que vivían en Cascáis, ella era astróloga con una consulta particular, y él, himnoterapeuta en un centro de salud. Sabía español porque hacía deporte variado (montañismo, windsurf, etc.) e iba mucho a España con amigos a hacer escalada.

Mañana seguimos de viaje, pero cambiaremos de paisaje. Vamos hacia el desierto.
4º día. Del Valle de las Rosas a Zagora - 230 km aproximadamente.

Salimos del valle de las Rosas hacia el desierto. Aunque seria unos 230 km, la duración de la jornada es de horas. Salimos sobre 9:00-9:15, de vuelta a Uazarzate, para desde allí coger la N9 que llega mas allá de Zagora. Habíamos ya reservado para dormir en el Dar Petite Kasbah.
La carretera tenía tramos en obras. En una de las paradas que nos hacían realizar para dar paso al sentido contrario, montó en el coche un hombre. Creíamos q sería de los peones de carreteras, pero él mismo nos dijo q era nómada y que se dirigía a uno de los pueblos de la nacional a hacer la compra de las cuatro familias con las q se desplazaban para tener  comida para un mes.  Él hacía la compra ese día, llenaba un camión y venía con éste de vuelta al día siguiente. Como agradecimiento hacia nosotros nos invitó a un té en la cooperativa de nómadas en la que estaban algunos familiares o amigos. Visitamos la cooperativa llena de distintos artículos de venta, tomamos el tradicional té a la menta y nos despedidos para seguir nuestro camino, no sin antes recomendarnos  el lugar donde comer unos kilómetros más allá. Así llegamos a Timiderte, donde tomamos otro tajin y una brocheta de pollo.
Allí mismo teníamos una kasbah antigua para visitar. Nos pedían 20 dírhams (2€) por persona para su rehabilitación. Pero el guía quería q le pagáramos otros 100 (10€) por la visita guiada. Le dijimos q ni hablar, q la hacíamos por nuestra cuenta. De malos modos, nos derivo a otro guía q lleva a una pareja de italianos y que acababa de empezar la visita. Este nos mostró toda la kasbah, las casa, cocinas, jardines, minaretes, etc. Estuvo muy bien. Cuando terminamos le dimos 80 dírhams y le dijimos q su compañero quería ganar mucho dinero de manera rápida, y que eso retrae a los turistas. Él se lo dijo en voz alta al interesado, delante de todo el resto de marroquíes que había por allí.
Pues esto no quedó así, y el muchacho afectado por tal crítica debió quedar herido en su orgullo, de manera q consiguió q uno de sus colegas con coche le llevara detrás nuestro, se colocaron detras nuestro tocando la bocina para que paráramos, como no lo hicimos, nos pasaron e intentaron hacernos parar, les pasamos y finalmente, tras pasarnos, se pararon al fondo de una recta, el conductor se mantuvo dentro del coche con la puerta abierta y el "afectado" se plantó en la mitad de la carretera con un brazo extendido en actitud chulesca, evitando q pudiéramos pasar, sino queríamos llevárnoslo por delante.  Fue un momento muy duro. Luis no bajó la velocidad, siguió hacia él y ya, en el último instante, Luis frenó ligeramente, cuando el muchacho se apartó dando un salto. Todo se quedó en un mal trago, pero vaya susto nos llevamos nosotros y, suponemos, que ellos también.
A partir de ahí todo el resto del día estuvimos dudando si ir al hotel previsto o cambiar (puesto q los marroquíes sabían donde íbamos) o seguir con nuestros planes. Finalmente decidimos seguir adelante, quedaban todavía  alrededor de 80 km, que serían una hora y media o dos horas hasta llegar a Zagora.
Llegamos ya al final del día. El hotel era una kasbah recuperada (la petit kasbah) , con un patio con piscina en medio y alrededor las habitaciones. Como suele suceder en estos sitios, todas las estancias comunes son mejores que las habitaciones. En este caso, era sencilla y simple, pero con baño completo, limpio y con puerta separada de la habitación. Pedimos allí la cena q nos sirvieron en la terraza y estuvimos preguntando muchas cosas al encargado, un chico joven, educadísimo, muy amable y que nos aclaró nuestras dudas. Después de cenar salimos a dar un paseo por la avenida principal, pero en la que ya quedaba poca vida. Así que, nos fuimos a dormir.

Mañana nos acercaremos al desierto.



 




 
 

 
 

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