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sábado, 25 de febrero de 2023

MARRUECOS en compañía.

 Volvemos a nuestra segunda patria, dicen algunos de nuestros conocidos. Y es que hemos ido ya muchas veces, con distintos recorridos, conociendo distintas zonas, pero en muchas ocasiones y en distintas temporadas. Esta vez hemos realizado un trayecto muy conocido para nosotros en el que hemos incluido algunos paseos o rutas diferentes. Esto y el ir acompañados de un hermano de Luis, Ricardo, ha hecho el viaje diferente.

Partimos un sábado por la tarde hacia Marraketch, así que una vez recogido el coche e instalados en

el hotel nos dio tiempo a un paseo y a nuestra primera comida marroquí. El coche elegido fue  más grande que otras veces para que el que fuera atrás pudiera disfrutar del panorama. Sabemos que son muchas horas de coche y lo sorprendentes que son los paisajes. Reservamos un Dacia Duster que se comportó fenomenal durante todo el trayecto, con un consumo, además, muy reducido. La cena nos ofreció un Tajin, una pastella y un coucous. ¡Lo más típico desde el principio!

El recorrido comenzó el domingo tras el desayuno, rumbo Skoura donde dormiríamos. El desvío que hay que coger desde la N9, a la izquierda, está ahora mucho más amplio y señalizado, pues antes pasaba desapercibido. Tras coger ya la P1 506 fuimos a visitar la Kasbah de Telouet, a nuestro ritmo, sin guías, pagando los 20 Dh por persona que se requerían. Comimos por el camino y llegamos al Ksar Ait Ben Hadu, que es un antiguo pueblo amurallado, una fortificación medieval de gran interés por su ubicación, estado y paisaje. Es bonito cruzar el rio por las piedras, recorrer sus callejuelas e ir subiendo hasta la cima. Pero igual de bonito es verla desde lejos, avanzando por esa misma carretera, desde  un pequeño mirador. A pesar de haberlo visto muchas veces, nos sigue ofreciendo un contraste precioso respecto a nuestros paisajes habituales de Castilla. Nos cogió la puesta de sol en lo alto, así que ya la vista desde la lejanía no fue posible; era de noche y ya con oscuridad nos costó encontrar el hotel. Finalmente llegamos y nos sirvieron la cena en una marquesina de sus jardines. Esta vez fue una sopa harira, dos tajines y un couscus y naranja cortada con canela. Un menú tradicional del país. 

Kasbah de Telouet
Interior Kasbah Telouet

Paisaje de carretera

ksar Ait Ben Hadu













Nos levantamos pronto, con la luz, con lo que disfrutamos del desayuno en el mismo paraje en el que desayunamos, dimos un paseo por los jardines y piscina y visitamos el mercado que se celebraba en la ciudad, en Skoura. Era un mercado al aire libre, con mucho ajetreo y organizado según los productos. Había zona de ropa, de utensilios, de alimentación y de ganado, que fue la que nos resultó más curiosa. De allí salimos rumbo a los tres valles que queríamos visitar: valle de las Rosas y del Dades hoy y el del Todra al día siguiente. 

Hotel: Dar el Salam.Skoura

Mercado de Skoura






Valle de las Rosas desde la Kasbah Itram
 La parada en el Valle de las Rosas fue muy breve;   llegamos a las Kasbah Itram (que conocemos bien).   Está situada en un sitio increíble, pues tiene varias   terrazas en vertical, orientadas al oasis y con vistas a   una antigua kasbah. Las vistas son preciosas.

 Hacía mucho tiempo que no parábanos en el Valle del   Dades; no recordábamos esas estructuras geológicas   tan llamativas, con inmensas rocas diferentemente   orientadas. Paramos a hacer unas fotos y continuamos   con el coche unos cuantos kilómetros hacia dentro, por una carretera que iba ascendiendo, serpenteando hasta llegar a los más alto donde un restaurante disponía sus  terrazas hacia el cañón. Disfrutamos de las vistas y bajamos nuevamente en busca de un lugar donde comer. Como siempre, un tajin, acompañado de ensalada para los más osados, como era Ricardo. Luis y yo le mirábamos con envidia, pues resultaba apetecible, pero preferíamos cuidar nuestra barriga, pues que quedaban todavía unos cuantos días. 

Luis había previsto hacer una pequeña ruta que tardamos en encontrar, pero que resultó ser una delicia. Primero atravesamos el oasis, después caminamos por un desfiladero, hoy seco, entre dos cadenas de esas estructuras de piedra para volver al lugar de inicio deambulando entre los cultivos del oasis. Fue una gozada de camino y un placer descubrir nuevas cosas.  Ricardo y Luis subieron a lo alto de una de las formaciones que simulaba un dedo. Y es que este paraje es conocido como Los Dedos del Mono. Yo les fotografié desde abajo y me entretuve en el rio, charlando con un hombre de la zona; bueno, intentando comunicarnos, más bien. Disfrutamos los tres muchísimo de este valle.

Valle del Dades

Valle del Dades

Valle del Dades / Dedos del Mono

Ruta por el Dades






El alojamiento lo teníamos en el Palmeral Guest House, en las cercanías del Valle del Todra. Tenía la zona reservada de parking en la parte alta y bajando unas cuantas escaleras llegamos al hotel. Las habitaciones, como es tradicional en Marruecos, están alrededor de un patio o jardín. En la terraza superior nos sirvieron la cena (tajin, claro) y por la mañana el desayuno con vistas al palmeral.

El Palmeral de Tinerhir es largo, extendiéndose a lo largo del río que lleva su nombre. Por la mañana, nada mejor para desperezarse que un buen paseo. El dueño del hotel  nos sugirió un recorrido que hicimos encantados. Por el palmeral, entre cultivos y canales de agua llegamos a la ciudad antigua, ya abandonada, entrometiéndonos entre sus muros, adivinando los habitáculos de cada casa. Volvimos recorriendo otros senderos del oasis, saludando a las mujeres que estaban trabajando en las huertas para llegar de nuevo al hotel, donde recogimos el equipaje para continuar nuestro viaje.

Ciudad antigua del palmeral de Tinerhir

Palmeral de Tinerhir






Nos dirigimos hacia el Valle del Todra, donde terminaríamos el día. En éste sí habíamos estado las últimas veces y lo recordábamos bien.  A Ricardo le gustaron esos cortados. El valle es turístico y nos encontramos con muchas furgonetas que hacen aquí su parada, inundando el rio de excursionistas fotografiando el lugar. Hay gente de todos los lugares del mundo. A lo largo del viaje, nosotros charlamos con una pareja: él argentino y ella de Nueva Zelanda, residentes en Nueva York; con muchos españoles; con grupos de americanos; otra pareja con la que coincidimos en dos ocasiones, de Sir Lanka, residentes en Dinamarca; chinos, italianos y, por supuesto, muchísimos franceses que se encuentran en su segunda casa.  

Tras un breve paseo por el Todra, continuamos el itinerario previsto hacia el desierto. Este es un trayecto largo. Son 200 km, pero se tarda muchísimo. Al haber dos carreteras para llegar, decidimos ir por una y volver por la otra. En el camino paramos a visitar unos pozos. Parece mentira que en medio de un paraje pedregoso, sin vida, haya habido tal cantidad de agua. La zona tiene escavados pozos que se comunican por túneles realizados manualmente. Luis se "enrolló" con un hombre que estaba al cargo de uno y fue él quién nos enseñó SU pozo. Nos contó que ese pozo tenía 40 metros hacia un lado y 100 hacia el otro. Descendimos al interior y fuimos recorriendo uno de los laterales, viendo las distintas marcas  que el agua había ido dejando en las paredes a lo largo de los años. Este hombre decía que él había estado allí trabajando. Ahora se dedicaba a mostrarlo y a sacar dinero de ello. Nos pidió un montón de dirhams, que tras la negociación quedaron en 100, es decir 10€; ¡una pasada total, pero en estos tratos unas veces se gana y otras se pierde! Con razón, y por su interés claro,  iba encendiendo todas las velitas que tenía colocadas a lo largo del canal para que hiciéramos la foto. Merece la pena una visita. Lo increíble es que nosotros vimos uno de los pozos, pero el terreno estaba plagado de ellos. Hoy, ninguno tiene agua. 

Dentro del pozo

Luis y el "pocero"






Albergue Petit Prince, Merzouga
 Llegamos al desierto, a Merzouga,  ya   anocheciendo. De hecho, debían ser   alrededor de las 19:30 porque es la hora   en la que ellos, en pleno Ramadán, tras la llamada de la mezquita,  pueden ya cenar y lanzarse a su mesa. Fuimos al Riad Petit Prince, al que hemos ido ya en las otras ocasiones. Así que al llegar, dejamos el equipaje en nuestras habitaciones, nos fuimos a dar un paseo por el desierto mientras el dueño, su familia y los trabajadores del hotel disfrutaban de sus viandas. 

El paseo nocturno fue estupendo por las ganas, por el silencio y
por el cielo estrellado del que disfrutamos sentados en la arena. Al volver, nos sirvieron la cena en el patio, donde degustamos nuevamente tallín y fruta. Nos fuimos pronto a dormir pues queríamos madrugar y ver salir el sol en el desierto. Así que a las 6:15 estábamos dispuestos a salir en busca del depósito de agua donde hay un parking desde el que iniciar la subida a la Gran Duna. No es la primera vez que lo hacemos, sí la de Ricardo. Yo iba con dudas de si completaría la subida o no, pues ya sé lo duro que es el ascenso. Cada paso que se da, se retrocede medio hundiéndose en la arena. Subimos por el perfil de la duna y tardamos 50 minutos en llegar a la cima. Bueno, Luis algo menos; nos esperaba arriba animándonos desde lo alto. La verdad es que se llega sin aliento, pero pronto se pasa y la recompensa del espectáculo es inmesa. Contemplar el desierto con las sombras que produce el sol en las dunas, caminando sobre ellas y sorprendiéndonos del comportamiento de la arena; unas veces el perfil de las dunas es lineal, perfecto y otras es muy redondeado; unas veces te hundes al pisar y  otras la arena está dura y pisas sin problema. Vimos las caravanas de camellos que surgían por todos los lados, transportando a los turistas desde los campamentos a la ciudad; también se divisaban los quads que alquilan algunos otros para conducir un rato sobre la arena del desierto. Pero no creo que ninguno de ellos tuviera la vista y panorámica de 360º que nosotros teníamos desde arriba. Allí permanecimos alrededor de 1´5h, caminando, haciéndonos fotos, contemplando los cambios que producía el ascenso del sol sobre las dunas de arena. La bajada fue divertida, pues con dar una pisada y dejarse caer, se desciende un buen tramo en cada pisada. Nos encantó ver cómo la arena a nuestro paso también se desplazaba lentamente, como el agua o la lava. En el video que pongo se ve perfectamente. En fin, como siempre que hemos ido, el desierto de Merzouga es el plato fuerte del viaje. 










Ksar Elkhorbat
En el hotel nos esperaba un buen desayuno en el patio, a la sombra para reponer fuerzas. Esto y una buena ducha nos recuperaron para poder emprender el trayecto de vuelta. El objetivo era pasar la noche en Ouazarzate. Son  más de 360 Km, lo que hace un viaje muy largo. Ricardo  ya había cogido experiencia en la conducción por Marruecos, llevaba sobre sus espaldas un montón de kilómetros, pero no le debían pesar mucho porque fue él quien cogió nuevamente el coche. ¡Qué suerte tengo de ir acompañada de a quienes les gusta conducir! Más de 6 horas nos esperaban de trayecto, haciendo algunas paradas cortas. Una de estos descansos fue para visitar el ksar Elkhorbat, pasear por sus calles estrechas y oscuras y ver cómo vive la gente del lugar. Ricardo disfrutó muchísimo de este ksar, le impresionó el modo de vida y el frescor que allí se respiraba, en un entorno caluroso y polvoriento. 

El Ramadán hizo que muchos restaurantes de carretera y de los pueblos estuvieran cerrados, así que comimos en uno que estaba repleto de turistas a los que supongo, les había pasado lo mismo. También hubo otro descanso corto para comprar aceite de argán en una de las coperativas de mujeres que se dedican a esto. Llegamos a Ouazarzate al atardecer a uno de los hoteles elegidos por su puntuación y que estaba en pleno centro. Allí nos dieron dos habitaciones, dejamos nuestras maletas y salimos a mover las piernas, dar un paseo y buscar sitio para cenar. Esta vez elegimos unas pizzas en una pizzería local. La temperatura había cambiado; ya no era el calor del desierto y del sur. Por la noche aquí refrescaba; estábamos cerca del Atlas. Mañana tendríamos que volver a atravesarle. 

Queríamos mostrarle a Ricardo la Kasbah y el Ksar de Ouazarzate. Merecía la pena una visita, así que dedicamos gran parte de la mañana a ello. Ahora la visita era de pago. Siempre alrededor hay hombres dispuestos a hacértela guiada, pero nosotros la quisimos hacer libres, a nuestro ritmo. La recorrimos tranquilamente, pasando de una kasbah a otra, entrando en ellas y subiendo a sus azoteas. Esta vez la encontramos muy rehabilitada y la visita es muy cómoda. 

Habíamos oído hablar del Oasis del Fint, aparecía en muchos de los tours turísticos que se ofrecen por allí, así que decidimos ir a verlo. Dejamos el primer camino de entrada para el final y fuimos hacia el segundo, llegando a un pequeño oasis con plantación que llevaba una kasbah nueva que parecía que pudiera ser un hotel en el futuro. Paseamos por la zona, caminamos entre canales de agua y llegamos a un pequeño embolsamiento de agua y a una pequeña cascada por la que no discurría nada de agua, pero permitía acercarse y divisar desde lo alto el paraje verde. De vuelta al coche, fuimos a por la primera desviación y allí sí que nos esperaban posibles guías y hombres dispuestos a llevarnos al restaurante. Encontramos donde aparcar el coche a la sombra y ahí cerca se encontraba un albergue con una pequeña piscina y terrazas donde pudimos disfrutar de la comida, en este caso brochetas de pollo para todos y un tajin de verduras a compartir. La zona también se usa para hacer recorridos en moto; de hecho llegaron al albergue cuatro motoristas americanos, llenos de barro, con sus trajes protectores.

Ksar de Ouazarzate

Cercanias oasis del Fint




 


Ya desde allí, teníamos que llegar a Marraketch antes de las 20:00, pues era la hora de entrega del coche, yendo antes al Riad a dejar el equipaje. Cogimos la N9 todo el tiempo y comprobamos una vez más, que sigue en obras de mejora continua. Van quitando curvas, mejorando la carretera, pero hace que el viaje sea interminable, pues cruzar el Atlas lleva su tiempo. El Riad nos recibió con una modificación; según decían, habían tenido un problema de agua en uno de los dormitorios. Nos ofrecían una de las habitaciones en otro Riad cercano para la primera noche. A pesar de nuestro enfado, lo tuvimos que admitir. Nos restrasó un rato entre que decidíamos y hacíamos los cambios, pero era ya de noche y ponerse a buscar era un inconveniente, así que Luis y yo nos fuimos al otro alojamiento la primera noche y la segunda ya en el que habiámos reservado. 

Marraketch por la noche era un hervidero de gente. La zona alrededor de la plaza Jemaa el-Fna y de la Kutubía estaba repleta de gente comprando, de tiendas y tenderetes abiertos, de vendedores gritando para vender sus mercancías y mucho gentío local realizando compras. Dos días después entenderíamos por qué. Esto era un jueves por la noche y el viernes era el último día de Ramadán. Ellos celebran muchísimo esta fiesta y las familias se reúnen a comer estrenando todos nuevos ropajes. El sábado iban por la calle impolutos, se veía la blancura en las chilavas, el brillo en las babuchas, la plancha en toda la vestimenta, las camisas almidonadas. Ellas con sus kaftanes nuevos, con colorido y bordados. Todo olía a nuevo. Las niñas iban con vestidos de satén y tul rojo.  Se percibía alegría por el fin del Ramadán ya desde el jueves por la noche que nosotros llegamos. 

El viernes y el sábado lo dedicamos a vivir Marraketch, a pasear por su Medina, a asombrarnos ante el montaje de todos los kioskos de comida que se realiza desde las 16:00 a las 18:00. Desde la terraza del restaurante Argana donde comimos, por cierto, bastante bien, divisamos cómo los muchachos portaban sus carros llenos de hierros hasta llegar a su parcela y allí comenzaban el montaje de su "chiringuito". Primero la unión de las columnas, luego las lonas, después lo alzaban entre varios, tras ellos los mostradores de comida, las mesas y bancos y finalmente la mercancía. Es un espectáculo del que yo me maravillo cada vez que voy y que muestro a todos los acompañantes que hayan viajado con nosotros. Es increíble cómo en un área despejado, se llena de tenderetes y vida en cuestión de dos horas. Luis hizo varios timelab, del que luego dejo una muestra. 

Además de esto, por supuesto, visitamos le Medersa Ben Youssef y las Tumbas Saadíes. En ambas el ticket de entrada va subiendo poco a poco. Cuesta ahora 50 y 70 Dh respectivamente por persona (redondeando unos 5€ y 7€). En todo caso, ambas construcciones merecen la pena una visita, especialmente la Medersa, a pesar de la cantidad de turistas que lo visitan. 

Riad en Marraketch. Patio

Plaza de Jemaa El-Fna


 




Medersa Ben Youssef

Paseando por Marraketch






Tumbas Saadíes
Ha llegado la hora de comer para luego ir hacia el Riad y coger el taxi que nos llevaría hacia el aeropuerto  ya de vuelta a España.

No sé si habré transmitido nuestro sentir en ese país, pues el haberlo visitado varias veces hace que se pierda parte de la emoción. Quizá hubiera tenido que ser Ricardo quien lo narrara, y así le valía de entrenamiento de ese libro que tiene en mente escribir desde hace algún tiempo. 



Un abrazo a todos.


PD: par futuros viajeros, la gasolina está allí bastante cara, más que aquí. El gasoleo estaba a 10,22 Dirhams, que con el cambio sería 1,02€, cuando aquí no llega al euro.  

miércoles, 3 de mayo de 2017

MARRUECOS. Essauira y fin de viaje. Mayo 2017

7º día. Mañana en Taroudant y Viaje a Essauira

Nos levantamos en Taroudant temprano para desayunar pronto y poder visitar la ciudad de día. El desayuno servido en una mesa comunitaria en el amplio hall estuvo, como suele ser común, bastante bien y completo. Dejamos las maletas en recepción y nos fuimos de paseo. Queríamos visitar la plaza con luz, las tenerías, una vista panorámica desde una de las entradas a la ciudad que se anunciaba como bonita, en fin, pasear por las calles.

Paseamos desde el hotel hacia la plaza, en busca de la puerta de salida para ir a las tenerías, que están fuera del recinto amurallado. Llegando allí, el encargada enseguida se acercó a nosotros para mostrarnos todo el recinto y explicarnos, en inglés, los distintos pasos que se hacían con las pieles. Nos dieron unas hojas de menta para que fuéramos oliéndolo y evitar, en la medida de lo posible, el olor que las pieles y su proceso producían. Usaban pieles de cabra, oveja, vaca y camello. Lo primero es limpiarlas de grasa, pelo y carne y lavarlas. Luego las ablandan en baños con ácidos y sales; seguidamente se curten con distintos productos para acabar tiñéndolas y secando. Para este proceso usan distintas cubetas grandes que se disponen en filas y columnas y que da ese aspecto general de suciedad. Allí estaban trabajando bastantes hombres, alrededor de 20. Por supuesto que tienen luego la tienda en la que se exponen en distintas salas los artículos: alfombras, bolsos, babuchas, carteras, pubs, etc..... Nosotros antes de entrar en la tienda, le dimos ya la propina de manera que nos encontramos más libres para salir sin hacer ninguna compra.

Recorrimos un trayecto de muralla por el interior, nos introducimos de nuevo en el interior de la ciudad para atravesar y subir a una de las entradas en la que había unas escaleras para contemplar la vista de la que nos habían hablado, pero que, en realidad, no tenía gran interés. Decidimos comer allí mismo, en la plaza, en el restaurante que estaba señalado en el plano que nos dieron en el hotel que resultó ser el mismo sitio que nos recomendó el muchacho con el que estuvimos charlando y tomando té el día anterior. Era el Café les Arcades. Allí, en la terraza tomamos el plato del día que consistía en ensalada - que nosotros cambiamos por vegetables-, tajin - que lo elegimos de pollo y sólo tenía pollo, sin más verdura que la cebolla- y fruta.  Parecía el lugar al que íbamos todos los turistas, pues al poco de llegar se fue llenando todo de occidentales para almorzar.

Tras recoger las maletas en el hotel, fuimos al coche y nos planteamos cuál de las dos rutas que nos daba google maps elegir: una interior, de 281 km u otra que iba por la costa, una vez pasado Agadir, -264km- . Elegimos esta última porque en nuestra intención primera del viaje era recorrer la costa y no lo habíamos hecho, aunque dudábamos de que mereciera la pena. En efecto, no mereció la pena: ni el camino, ni las vistas; únicamente algunas playas tras pasar Agadir. Sin embargo, la carretera fue larguísima y se nos hizo el viaje muy pesado. Teníamos que llegar a Essauira a las 20:30 como muy tarde, puesto que en eso habíamos quedado con los dueños del hotel esa mañana, cuando nos enviaron un whatsApp.

Llegamos a Essauira a esa hora justa, pero nos costó encontrar el Dar porque el coche había que dejarle en las afueras; no se podía entrar al centro de la ciudad con vehículos. Así que, aparcamos el coche y llegamos al hotel a las 20:45. Nos estaban esperando los dueños, una pareja de italianos que se habían instalado allí y que regentaban ese negocio, junto con otro en México, en el Yucatán, donde habían vivido anteriormente. Ellos nos dieron el plano de la ciudad, nos recomendaron qué hacer y ver, así como restaurantes para poder ir a cenar.

El hotel era Dar El Paco. No era muy allá puesto que no tenía ningún atractivo especial. El hall era pequeño, las escaleras de acceso a las distintas plantas donde estaban las habitaciones eran estrechas y los baños de éstas daban todas a un patio semiabierto en la parte superior. La habitación estaba decorada con telas y lámparas de mesilla que hacían en un principio parecer más acogedora y bonita de lo que en realidad era.

En cuanto dejamos el equipaje en la habitación  nos fuimos a la calle a dar una vuelta por la ciudad. Es una antigua colonia portuguesa cuya economía gira en torno a la pesca y al comercio de artesanía: marquetería y joyería, además del turismo, cada vez más numeroso. La ciudad estaba llena de turistas y se percibía ese ambiente costero y cálido de las ciudades con playa y costa. Fuimos en busca de uno de los restaurantes que nos recomendaron porque tenían pescado; justo, al que ellos mismos iban a ir. Nos costó un poco encontrarlo, incluso nos sentamos en otro distinto, al lado, pensando que era el mismo. Y es que, el restaurante resultó ser uno italiano, posiblemente amigos o familiares de los dueños del hotel. Tenían espaguetis con diferentes guisos, así que elegimos uno con pulpo y otro con mejillones. Aunque no era lo que habíamos pensado, cenamos bien y, además por primera vez en el viaje, con vino tinto.

Al terminar de cenar, nos fuimos. Las calles estaban ya bastante vacías y no había ambiente en ellas.







 
 


8º día Final del viaje.

Ya estamos en nuestro último día de viaje.
Nos levantamos a tomar el desayuno preparado por dos mujeres marroquís que tenían una discusión increíble, a voces. Nos lo sirvieron en la primera planta, en un rinconcito en el que había dos mesas para los 9 huéspedes que debíamos estar.

Allí dejamos el equipaje y nos fuimos de paseo. Vimos la ciudad de día, fundamentalmente dos calles largas, llenas de comercios variados. En una de ellas, estaban poniendo vallas y limpiando de gente la policía puesto que debían de tener la visita de alguna persona importante. En esta calle estuvimos probando kioscos con dátiles para comprar y traernos a España. Compramos 3/4 de kilo. Vimos también uno de sus mercados, en el que se vendían pollos vivos, pescados, etc.

Salimos a ver la playa, que era ancha, larga, con arena fina y bonita al tener forma de bahía, pero donde estuvimos paseando fue por el puerto. Allí había muchos pequeños pescadores que exponían sus pescados para vender al público. Amarrados estaban muchísimas pequeñas barcas que ya habían salido a pescar y vuelto para vender. Había pescado muy variado: mucha gamba, algún marisco raro, pulpo, mejillones y variedad de peces, pescadilla, rape, etc. En una plaza, se habían instalado varias carpas y un pequeño kiosco en el que se podía elegir el pescado o marisco que se quería y en la carpa que se eligiera te lo hacían a la plancha o guisado, según el gusto del cliente. Los precios eran europeos.

Ya a las 12:30 fuimos a por las maletas para emprender camino de vuelta hacia el aeropuerto.
Este viaje ha estado lleno de anécdotas y no podían faltar para este último día.
- La primera fue que, a pesar de haber impreso los billetes de avión unos días antes en Zagora, no nos fijamos bien y habíamos vuelto a imprimir los de Madrid - Marrakech. Así que en carretera, tuvimos que parar en alguno de los pueblos por los que se pasa y buscar un lugar donde pudiéramos imprimirlo. Menos mal que encontramos uno, no sin un buen rato de dudas porque no se recibía, porque no funcionaba el bluetooth, porque el correo se había puesto mal, etc.... Finalmente salimos con los dos billetes en papel, como exige Raynair.
- La segunda y última del viaje fue al llegar al aeropuerto. Nada más acceder a él estaba Lahcen, el dueño del coche, esperándonos en la entrada al parking. Nos hizo un gesto señalando el coche y pensábamos que se refería a una arañazo. Y no, señalaba la rueda trasera del conductor que llegaba completamente desinflada; debimos de pinchar un poco antes de llegar y no llegamos a notar nada. ¡Que suerte! Si nos toca en carretera, hubiéramos perdido tiempo y no sé si hubiéramos llegado a coger el avión, aunque llegamos con dos horas de antelación.

Bueno, allí dejamos el coche y empezamos los papeles y controles típicos de Marruecos, Raynair y de los aeropuertos internacionales. El avión salió a su hora y a las 9:00 estábamos en Madrid - Adolfo Suárez.








 


martes, 2 de mayo de 2017

MARRUECOS. Desierto y costa. Mayo 2017

5º día del desierto a la costa

El día comenzó con un desayuno marroquí en el Dar Petite Kasbah: café au lait, tortitas marroquís, zumo de naranja, huevo, pan, mantequilla, mermeladas y miel. Una vez cogidas fuerzas, bajamos hasta Mhamid, última villa anterior al acceso al desierto. La distancia es de 95 Km, que se tarda 1,5 horas. Antes de llegar paramos en Timtig, pues allí nos dijeron que había un pequeño acceso a las dunas. En efecto, había una duna.

En Mhamid hay hoteles. Para adentrarse en él hace falta ir en 4x4, puesto que está a 50 km de esta población. Todo está preparado para el turismo, de manera que se puede dormir en el desierto y dar un paseo en camello o dormir en Mhamid y adentrarte en todo terreno. Nosotros nos adentramos con nuestro Hyundai un poco hasta que la arena nos impidió seguir, pero con la visita nos hicimos una idea de la infraestructura y de las posibilidades.

Salimos de Mhamid dirección Ifní o Sidi Ifni ya entrada bien la mañana, quizá las 11:00 u 11:15. El recorrido hasta el destino era muy largo. Un total de 690km y una duración de 11 horas. El viaje, en su conjunto, fue durísimo: carretera infernal, mal asfaltada y estrecha, un paisaje durísimo puesto que no había ningún pueblecito, ni agua, ni vegetación; únicamente algunas jaimas que se veían en la lejanía. El calor era grande. Íbamos con el aire acondicionado puesto al máximo y todavía con calor. Pensamos que tendríamos gasolina para unos cuantos kilómetros y luego ya echaríamos. Lo cierto fue que cuando quisimos repostar no había donde. Anduvimos muchos kilómetros reduciendo la velocidad hasta que a 40 km de una población la luz del depósito se puso a parpadear y paramos en cuanto vimos unos hombres con sus motos, que se acercaban a sus tierras. Nos llenaron una botella de 1,5 litros vaciando una de las motos, le pagamos con recompensa y pudimos llegar, no sin apuros hasta la gasolinera del pueblo, donde por fin llenamos el depósito.

Todavía nos quedaban muchos kilómetros y el sol se iba yendo. Cuando anocheció, paramos a cenar en un pueblo, cerca de una salida de autobuses y gasolinera, donde nos pusieron unas brochetas de pollo. Con eso seguimos nuestro recorrido, ya sí, de noche.

Como en Marruecos para continuamente la policía con controles y por excesos de velocidad, nosotros intentábamos ponernos detrás de algún coche que anduviera ligero y que se conociera el terreno, de manera que íbamos más seguros. Así, detrás de un coche durante mucho tiempo, llegamos a Sidi Ifni a las 12 de la noche. Ya habíamos reservado el día anterior y avisado de que no llegaríamos antes de las 24 horas. El hotel era maison D´hotes Tiwaline, en el centro de la ciudad. Nos estaba esperando con ganas ya de irse a dormir. Nos dio la llave, nos explicó lo mínimo y se fue. El hotel estaba bien, nuestra habitación con su baño también y en seguida nos metimos a la cama.

Al día siguiente, en una amplísima recepción - hall, nos sirvieron el desayuno muy similar al de siempre. Dejamos las maletas allí para ir a conocer el pueblo, en el que pasamos toda la mañana.








 


6º día Sidi Ifni y Taroudant

El día comenzó con un buen desayuno en el hall - recepción. Tras ello y dejar las maletas en recepción, nos fuimos a visitar la ciudad, con las recomendaciones de restaurantes para poder comer: Restaurante NOMAD y restaurante GRAN CANARIA.

Sidi Ifni está en un alto. Toda la parte comercial está arriba, por lo que ir a la playa supone bajar un gran desnivel por escaleras. Fue una colonia española, y se veía en uno de sus barrios, por el tipo de construcción completamente distinta a la tradicional marroquí. La playa es bonita, fina paseable. Tiene forma de bahía y de tamaño aceptable para pasear.

Tras estar toda la mañana tranquilamente paseando y haber tomado un té en una de las terrazas del paseo marítimo en lo alto, decidimos comer en uno de los restaurantes recomendados. Elegimos el Gran Canaria para comer pescado. Fue una buenísima elección. En la primera planta, con la cocina al fondo, elegimos una sepia y otro pescado a la plancha. La presentación nos sorprendió por lo original y por la elaboración, como se puede ver en las fotos. Comimos estupendamente y de esta manera finalizamos nuestra visita, yendo a recoger nuestro equipaje y el coche.

Muy cerca, a 10 km, está la playa de Legzira, conocida por el puente natural creado en la playa. Es impresionante porque es de grandes dimensiones, es muy ancho y cruza la playa entera. Muy original. Además la playa es grande, larga, ancha; con arena fina alternando con trozos de piedra lisa, pero gorda; en definitiva, bonita. En este caso, también las fotos hablan de la belleza de este lugar.

Una vez dado un largo paseo por la playa, partimos hacia Taroudant, con una distancia de 217 km. Google nos dice que serán 3h y 18 minutos, pero en esta ocasión la carretera es buena desde que se coge la nacional hasta pasado Agadir, ya que es autopista. Las autopistas no son concebidas de la misma manera que en España. Sí tienen dos carriles por sentido, pero continuamente hay cambios de sentido, entradas y salidas de caminos, atraviesan poblaciones con semáforos y miles de glorietas, controles policiales en las entradas y salidas de los distintos pueblos y ciudades, etc..., pero aún así, la media de velocidad es más alta que en el resto de las carreteras. Por esta razón, llegamos a Taroudant antes de anochecer, justo cuando se iba a poner el sol. El hotel ya le llevábamos reservado a través de booking y esta vez elegimos el Hotel Dar Fatima. Estaba bien situado y nos sorprendió el hall de recepción, con una gran amplitud, un vano de escalera para los dos o tres pisos que tenía, con luz, música ambiental, sillones cómodos y muy bien ambientado. Nuestra habitación, en la segunda planta estaba bien, sencilla, pero completa.

Taroudant es una población completamente amurallada, con 5 entradas antiguas y otras 3 modernas. Toda la parte amurallada es un hervidero de gente, con comercios y animación. Desde el inicio, a mí me recordó Marrakech, y es que al parecer, le denominan la pequeña Marrakech. Tiene una plaza con cafés y restaurantes alrededor y en el medio árboles con bancos de piedra debajo para sentarse y cubrirse del sol. Es el punto de encuentro de sus habitantes y también de los turistas. Allí, un muchacho nos acompañó durante un buen rato, charlando en un inglés primario, pero suficiente para entenderse. Le invitamos a un té en una terraza y allí nos contó cosas de su ciudad y su país, lamentándose de la situación de paro que tiene la población. Él no tenía trabajo, ni dinero para estudiar, ni perspectiva a corto o medio plazo. Nos acompañó a un pizzería que él conocía para poder cenar, puesto que estábamos hartos de tajim y brochetas. Necesitábamos cambio y lo conseguimos. Las pizzas en la terraza estaban buenas.

Así acabamos esta jornada, dando un paseo nocturno hasta nuestro hotel.



Sidi Ifni

Restaurante Gran Canaria

Restaurante Gran Canaria

Lagzira

Lagzira
 


Taroudant

Taraoudant

 
 

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