3º día. El Valle de las Rosas.
El día comenzó estupendamente, sol, buen tiempo, un paisaje precioso y con una reserva en la Kasbah Itram, en una habitación con mirador al valle, muy coqueta. Mejor, imposible!
La ruta se nos dio muy bien. Comenzamos bajando al río y cruzándolo por los troncos puestos al efecto. Caminamos por senderos por las sombras de frutales, rosales y palmeras, preguntando cuando nos encontrábamos con alguien y con la orientación de Luis. En seguida llegamos al primer pueblecito y salimos de él hacia la segunda villa, Tourbiste. En ésta, un chiquillo al que seguimos nos dirigió hacia lo más alto del pueblo, desde donde había unas buenas vistas. Salir de éste nos costó algo mas, pero una vez encontrado el tronco para cruzar nuevamente el río, continuamos hasta el tercero, sin ninguna atracción más que el propio paisaje y el contraste entre el rojizo de la tierra y las construcciones y el verdor del oasis. Ya desde este tercer pueblo volvimos al punto de inicio.
Al llegar, el tajin de pollo nos estaba esperando, además de unas naranjas. Después de comer, seguimos adentrándonos en el valle de las rosas, ahora de nuevo en coche. Llegamos a la siguiente población, Boutaghrar, la última antes de empezar con pistas. Es un pueblo que tuvo en su día un gran asentamiento judío. Un hombre, empeñado en que visitáramos su kasbah nos seguía discretamente, (no era de los pesados, insistentes). Finalmente fuimos, y es que lo había reconstruido y convertido en hotel; quería q diéramos publicidad a todos nuestros conocidos y nos dio varias tarjetas
Desde aquí hago esas tareas porque realmente la kasbah estaba bonita, cómoda y ajustada de precio: 20€ la noche por persona con cena y desayuno). Pongo la foto de su tarjeta.
Lo único bueno fue que en la espera estuvimos charlando con una pareja de portugueses, con los que habíamos coincidido durante el día, y cenamos juntos. Fue una conversación entretenida, en la que intercambiamos información. Como curiosidad, tengo q contar que vivían en Cascáis, ella era astróloga con una consulta particular, y él, himnoterapeuta en un centro de salud. Sabía español porque hacía deporte variado (montañismo, windsurf, etc.) e iba mucho a España con amigos a hacer escalada.
4º día. Del Valle de las Rosas a Zagora - 230 km
aproximadamente.El dueño del hotel nos hizo un esquema de una ruta circular por el oasis, pasando por tres pueblecitos. Seguimos por la carretera adentrándonos en el valle hasta llegar a Hdida, lugar donde confirmamos la ruta y encargamos un tajim para la vuelta. A pesar de que nos indicaban q era mejor que fuésemos con guía, que nos íbamos a perder, decidimos hacerlo solos.
La ruta se nos dio muy bien. Comenzamos bajando al río y cruzándolo por los troncos puestos al efecto. Caminamos por senderos por las sombras de frutales, rosales y palmeras, preguntando cuando nos encontrábamos con alguien y con la orientación de Luis. En seguida llegamos al primer pueblecito y salimos de él hacia la segunda villa, Tourbiste. En ésta, un chiquillo al que seguimos nos dirigió hacia lo más alto del pueblo, desde donde había unas buenas vistas. Salir de éste nos costó algo mas, pero una vez encontrado el tronco para cruzar nuevamente el río, continuamos hasta el tercero, sin ninguna atracción más que el propio paisaje y el contraste entre el rojizo de la tierra y las construcciones y el verdor del oasis. Ya desde este tercer pueblo volvimos al punto de inicio.
Al llegar, el tajin de pollo nos estaba esperando, además de unas naranjas. Después de comer, seguimos adentrándonos en el valle de las rosas, ahora de nuevo en coche. Llegamos a la siguiente población, Boutaghrar, la última antes de empezar con pistas. Es un pueblo que tuvo en su día un gran asentamiento judío. Un hombre, empeñado en que visitáramos su kasbah nos seguía discretamente, (no era de los pesados, insistentes). Finalmente fuimos, y es que lo había reconstruido y convertido en hotel; quería q diéramos publicidad a todos nuestros conocidos y nos dio varias tarjetas
Desde aquí hago esas tareas porque realmente la kasbah estaba bonita, cómoda y ajustada de precio: 20€ la noche por persona con cena y desayuno). Pongo la foto de su tarjeta.
Nosotros seguimos un rato mas por carretera y luego pista. Era una sucesión de montañas, ya pedregosas, valles secos y paisaje monótono, así que, decidimos darnos la vuelta ya e ir al hotel a disfrutar de nuestra habitación, pensando en hacer algo de estiramientos y preparación del día siguiente. Nuestra sorpresa fue que al llegar al hotel, sobre las 19:15 +/-, nuestra habitación la habían dado y nosotros no teníamos. Nos ofrecieron un salón grande, que reconvirtieron en habitación en media hora. No era lo mismo, ni de confort, ni de vistas ni de acogedora.
Lo único bueno fue que en la espera estuvimos charlando con una pareja de portugueses, con los que habíamos coincidido durante el día, y cenamos juntos. Fue una conversación entretenida, en la que intercambiamos información. Como curiosidad, tengo q contar que vivían en Cascáis, ella era astróloga con una consulta particular, y él, himnoterapeuta en un centro de salud. Sabía español porque hacía deporte variado (montañismo, windsurf, etc.) e iba mucho a España con amigos a hacer escalada.
Mañana seguimos de viaje, pero cambiaremos de paisaje. Vamos hacia el desierto.
Salimos del valle de las Rosas hacia el
desierto. Aunque seria unos 230 km, la duración de la jornada es de horas.
Salimos sobre 9:00-9:15, de vuelta a Uazarzate, para desde allí coger la N9 que
llega mas allá de Zagora. Habíamos ya reservado para dormir en el Dar Petite Kasbah.
La carretera tenía tramos en obras. En una
de las paradas que nos hacían realizar para dar paso al sentido contrario, montó
en el coche un hombre. Creíamos q sería de los peones de carreteras, pero él
mismo nos dijo q era nómada y que se dirigía a uno de los pueblos de la
nacional a hacer la compra de las cuatro familias con las q se desplazaban para
tener comida para un mes. Él hacía la compra ese día, llenaba un camión
y venía con éste de vuelta al día siguiente. Como agradecimiento hacia nosotros
nos invitó a un té en la cooperativa de nómadas en la que estaban algunos
familiares o amigos. Visitamos la cooperativa llena de distintos artículos de
venta, tomamos el tradicional té a la menta y nos despedidos para seguir
nuestro camino, no sin antes recomendarnos el lugar donde comer unos kilómetros más allá.
Así llegamos a Timiderte, donde tomamos otro tajin y una brocheta de pollo.
Allí mismo teníamos una kasbah antigua para
visitar. Nos pedían 20 dírhams (2€) por persona para su rehabilitación. Pero el
guía quería q le pagáramos otros 100 (10€) por la visita guiada. Le dijimos q
ni hablar, q la hacíamos por nuestra cuenta. De malos modos, nos derivo a otro
guía q lleva a una pareja de italianos y que acababa de empezar la visita. Este
nos mostró toda la kasbah, las casa, cocinas, jardines, minaretes, etc. Estuvo
muy bien. Cuando terminamos le dimos 80 dírhams y le dijimos q su compañero
quería ganar mucho dinero de manera rápida, y que eso retrae a los turistas. Él
se lo dijo en voz alta al interesado, delante de todo el resto de marroquíes
que había por allí.
Pues esto no quedó así, y el muchacho
afectado por tal crítica debió quedar herido en su orgullo, de manera q
consiguió q uno de sus colegas con coche le llevara detrás nuestro, se colocaron detras nuestro tocando la bocina para que paráramos, como no lo hicimos, nos pasaron e intentaron hacernos parar, les pasamos y finalmente,
tras pasarnos, se pararon al fondo de una recta, el conductor se mantuvo dentro
del coche con la puerta abierta y el "afectado" se plantó en la mitad
de la carretera con un brazo extendido en actitud chulesca, evitando q pudiéramos
pasar, sino queríamos llevárnoslo por delante.
Fue un momento muy duro. Luis no bajó la velocidad, siguió hacia él y
ya, en el último instante, Luis frenó ligeramente, cuando el muchacho se apartó
dando un salto. Todo se quedó en un mal trago, pero vaya susto nos llevamos
nosotros y, suponemos, que ellos también.
A partir de ahí todo el resto del día
estuvimos dudando si ir al hotel previsto o cambiar (puesto q los marroquíes
sabían donde íbamos) o seguir con nuestros planes. Finalmente decidimos seguir
adelante, quedaban todavía alrededor de 80 km, que serían una hora y
media o dos horas hasta llegar a Zagora.
Llegamos ya al final del día. El hotel era
una kasbah recuperada (la petit kasbah) , con un patio con piscina en medio y alrededor las habitaciones. Como suele suceder en estos sitios, todas las estancias comunes son mejores que las habitaciones. En este caso, era sencilla y simple, pero con baño completo, limpio y con puerta separada de la habitación. Pedimos allí la cena q nos sirvieron en la terraza y estuvimos preguntando muchas cosas al encargado, un chico joven, educadísimo, muy amable y que nos aclaró nuestras dudas. Después de cenar salimos a dar un paseo por la avenida principal, pero en la que ya quedaba poca vida. Así que, nos fuimos a dormir.




