miércoles, 3 de mayo de 2017

MARRUECOS. Essauira y fin de viaje. Mayo 2017

7º día. Mañana en Taroudant y Viaje a Essauira

Nos levantamos en Taroudant temprano para desayunar pronto y poder visitar la ciudad de día. El desayuno servido en una mesa comunitaria en el amplio hall estuvo, como suele ser común, bastante bien y completo. Dejamos las maletas en recepción y nos fuimos de paseo. Queríamos visitar la plaza con luz, las tenerías, una vista panorámica desde una de las entradas a la ciudad que se anunciaba como bonita, en fin, pasear por las calles.

Paseamos desde el hotel hacia la plaza, en busca de la puerta de salida para ir a las tenerías, que están fuera del recinto amurallado. Llegando allí, el encargada enseguida se acercó a nosotros para mostrarnos todo el recinto y explicarnos, en inglés, los distintos pasos que se hacían con las pieles. Nos dieron unas hojas de menta para que fuéramos oliéndolo y evitar, en la medida de lo posible, el olor que las pieles y su proceso producían. Usaban pieles de cabra, oveja, vaca y camello. Lo primero es limpiarlas de grasa, pelo y carne y lavarlas. Luego las ablandan en baños con ácidos y sales; seguidamente se curten con distintos productos para acabar tiñéndolas y secando. Para este proceso usan distintas cubetas grandes que se disponen en filas y columnas y que da ese aspecto general de suciedad. Allí estaban trabajando bastantes hombres, alrededor de 20. Por supuesto que tienen luego la tienda en la que se exponen en distintas salas los artículos: alfombras, bolsos, babuchas, carteras, pubs, etc..... Nosotros antes de entrar en la tienda, le dimos ya la propina de manera que nos encontramos más libres para salir sin hacer ninguna compra.

Recorrimos un trayecto de muralla por el interior, nos introducimos de nuevo en el interior de la ciudad para atravesar y subir a una de las entradas en la que había unas escaleras para contemplar la vista de la que nos habían hablado, pero que, en realidad, no tenía gran interés. Decidimos comer allí mismo, en la plaza, en el restaurante que estaba señalado en el plano que nos dieron en el hotel que resultó ser el mismo sitio que nos recomendó el muchacho con el que estuvimos charlando y tomando té el día anterior. Era el Café les Arcades. Allí, en la terraza tomamos el plato del día que consistía en ensalada - que nosotros cambiamos por vegetables-, tajin - que lo elegimos de pollo y sólo tenía pollo, sin más verdura que la cebolla- y fruta.  Parecía el lugar al que íbamos todos los turistas, pues al poco de llegar se fue llenando todo de occidentales para almorzar.

Tras recoger las maletas en el hotel, fuimos al coche y nos planteamos cuál de las dos rutas que nos daba google maps elegir: una interior, de 281 km u otra que iba por la costa, una vez pasado Agadir, -264km- . Elegimos esta última porque en nuestra intención primera del viaje era recorrer la costa y no lo habíamos hecho, aunque dudábamos de que mereciera la pena. En efecto, no mereció la pena: ni el camino, ni las vistas; únicamente algunas playas tras pasar Agadir. Sin embargo, la carretera fue larguísima y se nos hizo el viaje muy pesado. Teníamos que llegar a Essauira a las 20:30 como muy tarde, puesto que en eso habíamos quedado con los dueños del hotel esa mañana, cuando nos enviaron un whatsApp.

Llegamos a Essauira a esa hora justa, pero nos costó encontrar el Dar porque el coche había que dejarle en las afueras; no se podía entrar al centro de la ciudad con vehículos. Así que, aparcamos el coche y llegamos al hotel a las 20:45. Nos estaban esperando los dueños, una pareja de italianos que se habían instalado allí y que regentaban ese negocio, junto con otro en México, en el Yucatán, donde habían vivido anteriormente. Ellos nos dieron el plano de la ciudad, nos recomendaron qué hacer y ver, así como restaurantes para poder ir a cenar.

El hotel era Dar El Paco. No era muy allá puesto que no tenía ningún atractivo especial. El hall era pequeño, las escaleras de acceso a las distintas plantas donde estaban las habitaciones eran estrechas y los baños de éstas daban todas a un patio semiabierto en la parte superior. La habitación estaba decorada con telas y lámparas de mesilla que hacían en un principio parecer más acogedora y bonita de lo que en realidad era.

En cuanto dejamos el equipaje en la habitación  nos fuimos a la calle a dar una vuelta por la ciudad. Es una antigua colonia portuguesa cuya economía gira en torno a la pesca y al comercio de artesanía: marquetería y joyería, además del turismo, cada vez más numeroso. La ciudad estaba llena de turistas y se percibía ese ambiente costero y cálido de las ciudades con playa y costa. Fuimos en busca de uno de los restaurantes que nos recomendaron porque tenían pescado; justo, al que ellos mismos iban a ir. Nos costó un poco encontrarlo, incluso nos sentamos en otro distinto, al lado, pensando que era el mismo. Y es que, el restaurante resultó ser uno italiano, posiblemente amigos o familiares de los dueños del hotel. Tenían espaguetis con diferentes guisos, así que elegimos uno con pulpo y otro con mejillones. Aunque no era lo que habíamos pensado, cenamos bien y, además por primera vez en el viaje, con vino tinto.

Al terminar de cenar, nos fuimos. Las calles estaban ya bastante vacías y no había ambiente en ellas.







 
 


8º día Final del viaje.

Ya estamos en nuestro último día de viaje.
Nos levantamos a tomar el desayuno preparado por dos mujeres marroquís que tenían una discusión increíble, a voces. Nos lo sirvieron en la primera planta, en un rinconcito en el que había dos mesas para los 9 huéspedes que debíamos estar.

Allí dejamos el equipaje y nos fuimos de paseo. Vimos la ciudad de día, fundamentalmente dos calles largas, llenas de comercios variados. En una de ellas, estaban poniendo vallas y limpiando de gente la policía puesto que debían de tener la visita de alguna persona importante. En esta calle estuvimos probando kioscos con dátiles para comprar y traernos a España. Compramos 3/4 de kilo. Vimos también uno de sus mercados, en el que se vendían pollos vivos, pescados, etc.

Salimos a ver la playa, que era ancha, larga, con arena fina y bonita al tener forma de bahía, pero donde estuvimos paseando fue por el puerto. Allí había muchos pequeños pescadores que exponían sus pescados para vender al público. Amarrados estaban muchísimas pequeñas barcas que ya habían salido a pescar y vuelto para vender. Había pescado muy variado: mucha gamba, algún marisco raro, pulpo, mejillones y variedad de peces, pescadilla, rape, etc. En una plaza, se habían instalado varias carpas y un pequeño kiosco en el que se podía elegir el pescado o marisco que se quería y en la carpa que se eligiera te lo hacían a la plancha o guisado, según el gusto del cliente. Los precios eran europeos.

Ya a las 12:30 fuimos a por las maletas para emprender camino de vuelta hacia el aeropuerto.
Este viaje ha estado lleno de anécdotas y no podían faltar para este último día.
- La primera fue que, a pesar de haber impreso los billetes de avión unos días antes en Zagora, no nos fijamos bien y habíamos vuelto a imprimir los de Madrid - Marrakech. Así que en carretera, tuvimos que parar en alguno de los pueblos por los que se pasa y buscar un lugar donde pudiéramos imprimirlo. Menos mal que encontramos uno, no sin un buen rato de dudas porque no se recibía, porque no funcionaba el bluetooth, porque el correo se había puesto mal, etc.... Finalmente salimos con los dos billetes en papel, como exige Raynair.
- La segunda y última del viaje fue al llegar al aeropuerto. Nada más acceder a él estaba Lahcen, el dueño del coche, esperándonos en la entrada al parking. Nos hizo un gesto señalando el coche y pensábamos que se refería a una arañazo. Y no, señalaba la rueda trasera del conductor que llegaba completamente desinflada; debimos de pinchar un poco antes de llegar y no llegamos a notar nada. ¡Que suerte! Si nos toca en carretera, hubiéramos perdido tiempo y no sé si hubiéramos llegado a coger el avión, aunque llegamos con dos horas de antelación.

Bueno, allí dejamos el coche y empezamos los papeles y controles típicos de Marruecos, Raynair y de los aeropuertos internacionales. El avión salió a su hora y a las 9:00 estábamos en Madrid - Adolfo Suárez.








 


martes, 2 de mayo de 2017

MARRUECOS. Desierto y costa. Mayo 2017

5º día del desierto a la costa

El día comenzó con un desayuno marroquí en el Dar Petite Kasbah: café au lait, tortitas marroquís, zumo de naranja, huevo, pan, mantequilla, mermeladas y miel. Una vez cogidas fuerzas, bajamos hasta Mhamid, última villa anterior al acceso al desierto. La distancia es de 95 Km, que se tarda 1,5 horas. Antes de llegar paramos en Timtig, pues allí nos dijeron que había un pequeño acceso a las dunas. En efecto, había una duna.

En Mhamid hay hoteles. Para adentrarse en él hace falta ir en 4x4, puesto que está a 50 km de esta población. Todo está preparado para el turismo, de manera que se puede dormir en el desierto y dar un paseo en camello o dormir en Mhamid y adentrarte en todo terreno. Nosotros nos adentramos con nuestro Hyundai un poco hasta que la arena nos impidió seguir, pero con la visita nos hicimos una idea de la infraestructura y de las posibilidades.

Salimos de Mhamid dirección Ifní o Sidi Ifni ya entrada bien la mañana, quizá las 11:00 u 11:15. El recorrido hasta el destino era muy largo. Un total de 690km y una duración de 11 horas. El viaje, en su conjunto, fue durísimo: carretera infernal, mal asfaltada y estrecha, un paisaje durísimo puesto que no había ningún pueblecito, ni agua, ni vegetación; únicamente algunas jaimas que se veían en la lejanía. El calor era grande. Íbamos con el aire acondicionado puesto al máximo y todavía con calor. Pensamos que tendríamos gasolina para unos cuantos kilómetros y luego ya echaríamos. Lo cierto fue que cuando quisimos repostar no había donde. Anduvimos muchos kilómetros reduciendo la velocidad hasta que a 40 km de una población la luz del depósito se puso a parpadear y paramos en cuanto vimos unos hombres con sus motos, que se acercaban a sus tierras. Nos llenaron una botella de 1,5 litros vaciando una de las motos, le pagamos con recompensa y pudimos llegar, no sin apuros hasta la gasolinera del pueblo, donde por fin llenamos el depósito.

Todavía nos quedaban muchos kilómetros y el sol se iba yendo. Cuando anocheció, paramos a cenar en un pueblo, cerca de una salida de autobuses y gasolinera, donde nos pusieron unas brochetas de pollo. Con eso seguimos nuestro recorrido, ya sí, de noche.

Como en Marruecos para continuamente la policía con controles y por excesos de velocidad, nosotros intentábamos ponernos detrás de algún coche que anduviera ligero y que se conociera el terreno, de manera que íbamos más seguros. Así, detrás de un coche durante mucho tiempo, llegamos a Sidi Ifni a las 12 de la noche. Ya habíamos reservado el día anterior y avisado de que no llegaríamos antes de las 24 horas. El hotel era maison D´hotes Tiwaline, en el centro de la ciudad. Nos estaba esperando con ganas ya de irse a dormir. Nos dio la llave, nos explicó lo mínimo y se fue. El hotel estaba bien, nuestra habitación con su baño también y en seguida nos metimos a la cama.

Al día siguiente, en una amplísima recepción - hall, nos sirvieron el desayuno muy similar al de siempre. Dejamos las maletas allí para ir a conocer el pueblo, en el que pasamos toda la mañana.








 


6º día Sidi Ifni y Taroudant

El día comenzó con un buen desayuno en el hall - recepción. Tras ello y dejar las maletas en recepción, nos fuimos a visitar la ciudad, con las recomendaciones de restaurantes para poder comer: Restaurante NOMAD y restaurante GRAN CANARIA.

Sidi Ifni está en un alto. Toda la parte comercial está arriba, por lo que ir a la playa supone bajar un gran desnivel por escaleras. Fue una colonia española, y se veía en uno de sus barrios, por el tipo de construcción completamente distinta a la tradicional marroquí. La playa es bonita, fina paseable. Tiene forma de bahía y de tamaño aceptable para pasear.

Tras estar toda la mañana tranquilamente paseando y haber tomado un té en una de las terrazas del paseo marítimo en lo alto, decidimos comer en uno de los restaurantes recomendados. Elegimos el Gran Canaria para comer pescado. Fue una buenísima elección. En la primera planta, con la cocina al fondo, elegimos una sepia y otro pescado a la plancha. La presentación nos sorprendió por lo original y por la elaboración, como se puede ver en las fotos. Comimos estupendamente y de esta manera finalizamos nuestra visita, yendo a recoger nuestro equipaje y el coche.

Muy cerca, a 10 km, está la playa de Legzira, conocida por el puente natural creado en la playa. Es impresionante porque es de grandes dimensiones, es muy ancho y cruza la playa entera. Muy original. Además la playa es grande, larga, ancha; con arena fina alternando con trozos de piedra lisa, pero gorda; en definitiva, bonita. En este caso, también las fotos hablan de la belleza de este lugar.

Una vez dado un largo paseo por la playa, partimos hacia Taroudant, con una distancia de 217 km. Google nos dice que serán 3h y 18 minutos, pero en esta ocasión la carretera es buena desde que se coge la nacional hasta pasado Agadir, ya que es autopista. Las autopistas no son concebidas de la misma manera que en España. Sí tienen dos carriles por sentido, pero continuamente hay cambios de sentido, entradas y salidas de caminos, atraviesan poblaciones con semáforos y miles de glorietas, controles policiales en las entradas y salidas de los distintos pueblos y ciudades, etc..., pero aún así, la media de velocidad es más alta que en el resto de las carreteras. Por esta razón, llegamos a Taroudant antes de anochecer, justo cuando se iba a poner el sol. El hotel ya le llevábamos reservado a través de booking y esta vez elegimos el Hotel Dar Fatima. Estaba bien situado y nos sorprendió el hall de recepción, con una gran amplitud, un vano de escalera para los dos o tres pisos que tenía, con luz, música ambiental, sillones cómodos y muy bien ambientado. Nuestra habitación, en la segunda planta estaba bien, sencilla, pero completa.

Taroudant es una población completamente amurallada, con 5 entradas antiguas y otras 3 modernas. Toda la parte amurallada es un hervidero de gente, con comercios y animación. Desde el inicio, a mí me recordó Marrakech, y es que al parecer, le denominan la pequeña Marrakech. Tiene una plaza con cafés y restaurantes alrededor y en el medio árboles con bancos de piedra debajo para sentarse y cubrirse del sol. Es el punto de encuentro de sus habitantes y también de los turistas. Allí, un muchacho nos acompañó durante un buen rato, charlando en un inglés primario, pero suficiente para entenderse. Le invitamos a un té en una terraza y allí nos contó cosas de su ciudad y su país, lamentándose de la situación de paro que tiene la población. Él no tenía trabajo, ni dinero para estudiar, ni perspectiva a corto o medio plazo. Nos acompañó a un pizzería que él conocía para poder cenar, puesto que estábamos hartos de tajim y brochetas. Necesitábamos cambio y lo conseguimos. Las pizzas en la terraza estaban buenas.

Así acabamos esta jornada, dando un paseo nocturno hasta nuestro hotel.



Sidi Ifni

Restaurante Gran Canaria

Restaurante Gran Canaria

Lagzira

Lagzira
 


Taroudant

Taraoudant

 
 

MARRUECOS. El valle de las Rosas y Zagora. Mayo 2017

3º día. El Valle de las Rosas.
El día comenzó estupendamente, sol, buen tiempo, un paisaje precioso y con una reserva en la Kasbah Itram, en una habitación con mirador al valle, muy coqueta. Mejor, imposible!

El dueño del hotel nos hizo un esquema de una ruta circular por el oasis, pasando por tres pueblecitos. Seguimos por la carretera adentrándonos en el valle hasta llegar a Hdida, lugar donde confirmamos la ruta y encargamos un tajim para la vuelta. A pesar de que nos indicaban q era mejor que fuésemos con guía, que nos íbamos a perder, decidimos hacerlo solos.




La ruta se nos dio muy bien. Comenzamos bajando al río y cruzándolo por los troncos puestos al efecto. Caminamos por senderos por las sombras de frutales, rosales y palmeras, preguntando cuando nos encontrábamos con alguien y con la orientación de Luis. En seguida llegamos al primer pueblecito y salimos de él hacia la segunda villa, Tourbiste. En ésta, un chiquillo al que seguimos nos dirigió hacia lo más alto del pueblo, desde donde había unas buenas vistas. Salir de éste nos costó algo mas, pero una vez encontrado el tronco para cruzar nuevamente el río, continuamos hasta el tercero, sin ninguna atracción más que el propio paisaje y el contraste entre el rojizo de la tierra y las construcciones y el verdor del oasis. Ya desde este tercer pueblo volvimos al punto de inicio.






 
Al llegar, el tajin de pollo nos estaba esperando, además de unas naranjas. Después de comer, seguimos adentrándonos en el valle de las rosas, ahora de nuevo en coche. Llegamos a la siguiente población, Boutaghrar, la última antes de empezar con pistas. Es un pueblo que tuvo en su día un gran asentamiento judío. Un hombre, empeñado en que visitáramos su kasbah nos seguía discretamente, (no era de los pesados, insistentes). Finalmente fuimos, y es que lo había reconstruido y convertido en hotel; quería q diéramos publicidad a todos nuestros conocidos y nos dio varias tarjetas

Desde aquí hago esas tareas porque realmente la kasbah estaba bonita, cómoda y ajustada de precio: 20€ la noche por persona con cena y desayuno). Pongo la foto de su tarjeta.







Nosotros seguimos un rato mas por carretera y luego pista. Era una sucesión de montañas, ya pedregosas,  valles secos y paisaje monótono, así que, decidimos darnos la vuelta ya e ir al hotel a disfrutar de nuestra habitación,  pensando en hacer algo de estiramientos y preparación del día siguiente. Nuestra sorpresa fue que al llegar al hotel, sobre las 19:15 +/-, nuestra habitación la habían dado y nosotros no teníamos. Nos ofrecieron un salón grande, que reconvirtieron en habitación en media hora. No era lo mismo, ni de confort, ni de vistas ni de acogedora.



Lo único bueno fue que en la espera estuvimos charlando con una pareja de portugueses, con los que habíamos coincidido durante el día, y cenamos juntos. Fue una conversación entretenida, en la que intercambiamos información. Como curiosidad, tengo q contar que vivían en Cascáis, ella era astróloga con una consulta particular, y él, himnoterapeuta en un centro de salud. Sabía español porque hacía deporte variado (montañismo, windsurf, etc.) e iba mucho a España con amigos a hacer escalada.

Mañana seguimos de viaje, pero cambiaremos de paisaje. Vamos hacia el desierto.
4º día. Del Valle de las Rosas a Zagora - 230 km aproximadamente.

Salimos del valle de las Rosas hacia el desierto. Aunque seria unos 230 km, la duración de la jornada es de horas. Salimos sobre 9:00-9:15, de vuelta a Uazarzate, para desde allí coger la N9 que llega mas allá de Zagora. Habíamos ya reservado para dormir en el Dar Petite Kasbah.
La carretera tenía tramos en obras. En una de las paradas que nos hacían realizar para dar paso al sentido contrario, montó en el coche un hombre. Creíamos q sería de los peones de carreteras, pero él mismo nos dijo q era nómada y que se dirigía a uno de los pueblos de la nacional a hacer la compra de las cuatro familias con las q se desplazaban para tener  comida para un mes.  Él hacía la compra ese día, llenaba un camión y venía con éste de vuelta al día siguiente. Como agradecimiento hacia nosotros nos invitó a un té en la cooperativa de nómadas en la que estaban algunos familiares o amigos. Visitamos la cooperativa llena de distintos artículos de venta, tomamos el tradicional té a la menta y nos despedidos para seguir nuestro camino, no sin antes recomendarnos  el lugar donde comer unos kilómetros más allá. Así llegamos a Timiderte, donde tomamos otro tajin y una brocheta de pollo.
Allí mismo teníamos una kasbah antigua para visitar. Nos pedían 20 dírhams (2€) por persona para su rehabilitación. Pero el guía quería q le pagáramos otros 100 (10€) por la visita guiada. Le dijimos q ni hablar, q la hacíamos por nuestra cuenta. De malos modos, nos derivo a otro guía q lleva a una pareja de italianos y que acababa de empezar la visita. Este nos mostró toda la kasbah, las casa, cocinas, jardines, minaretes, etc. Estuvo muy bien. Cuando terminamos le dimos 80 dírhams y le dijimos q su compañero quería ganar mucho dinero de manera rápida, y que eso retrae a los turistas. Él se lo dijo en voz alta al interesado, delante de todo el resto de marroquíes que había por allí.
Pues esto no quedó así, y el muchacho afectado por tal crítica debió quedar herido en su orgullo, de manera q consiguió q uno de sus colegas con coche le llevara detrás nuestro, se colocaron detras nuestro tocando la bocina para que paráramos, como no lo hicimos, nos pasaron e intentaron hacernos parar, les pasamos y finalmente, tras pasarnos, se pararon al fondo de una recta, el conductor se mantuvo dentro del coche con la puerta abierta y el "afectado" se plantó en la mitad de la carretera con un brazo extendido en actitud chulesca, evitando q pudiéramos pasar, sino queríamos llevárnoslo por delante.  Fue un momento muy duro. Luis no bajó la velocidad, siguió hacia él y ya, en el último instante, Luis frenó ligeramente, cuando el muchacho se apartó dando un salto. Todo se quedó en un mal trago, pero vaya susto nos llevamos nosotros y, suponemos, que ellos también.
A partir de ahí todo el resto del día estuvimos dudando si ir al hotel previsto o cambiar (puesto q los marroquíes sabían donde íbamos) o seguir con nuestros planes. Finalmente decidimos seguir adelante, quedaban todavía  alrededor de 80 km, que serían una hora y media o dos horas hasta llegar a Zagora.
Llegamos ya al final del día. El hotel era una kasbah recuperada (la petit kasbah) , con un patio con piscina en medio y alrededor las habitaciones. Como suele suceder en estos sitios, todas las estancias comunes son mejores que las habitaciones. En este caso, era sencilla y simple, pero con baño completo, limpio y con puerta separada de la habitación. Pedimos allí la cena q nos sirvieron en la terraza y estuvimos preguntando muchas cosas al encargado, un chico joven, educadísimo, muy amable y que nos aclaró nuestras dudas. Después de cenar salimos a dar un paseo por la avenida principal, pero en la que ya quedaba poca vida. Así que, nos fuimos a dormir.

Mañana nos acercaremos al desierto.



 




 
 

 
 

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